Compañía de Jesús.

El inicio de la Ruta, El Templo de la Compañía de Jesús


Una de las imágenes que con mayor recuerdo tienen los visitantes de nuestra ciudad es el de haber participado de la atmósfera especial que tiene nuestra Plaza Mayor. Es posiblemente, uno de los espacios centrales y públicos de mayor belleza que les podemos ofrecer, y es que todos los elementos que en ella se encuentran dialogan de manera especial. Las galerías con arcos de piedra, cada una de ellas con un nombre referido a las actividades comerciales que allí se realizaban, los balcones de madera tallada de sus casas (en algunos casos pintados de un azul añil característico), las cubiertas de teja cerámica artesanal, el cuidado de sus jardines, los tonos rojizos y azulados de la piedra lustrosa que cubre la plataforma central, e incluso la fuente ornamental de color verde con personajes lejanos a nuestra tradición, cobran vida y reciben con naturalidad al cada vez más creciente número de personas que disfrutan sentarse en sus bancas o dar un paseo.


Este maravilloso ambiente tiene como telón de fondo y para acentuar más su importancia, dos de las más relevantes obras de arquitectura colonial del sur de América, la Catedral del Cusco y el Templo de la Compañía de Jesús. Ambas destacan por el trabajo excepcional en sus construcciones. La Catedral terminada en 1654, más de un siglo después de haberse iniciado su construcción, fue el referente inmediato para la edificación del Templo de la Compañía de Jesús, que es el monumento que nos ocupa en estas páginas.

Lo primero que se destaca es la gran altura que tiene el templo en relación a su estrecha base, una característica poco frecuente en la época y en la zona, ya que debido a los constantes movimientos sísmicos, se prefería que las edificaciones religiosas tengan una base mayor a su altura. El Templo de la Compañía de Jesús, se erige contrariamente a esa tendencia.

Ubicado en los terrenos del antiguo palacio Inca del Amaru Cancha (casa de la Serpiente), este templo es el segundo que los jesuitas construyen en nuestra ciudad, ya que como mencionamos anteriormente, el primero, si bien no sucumbió en el terremoto de 1650, sí quedo gravemente dañado, siendo prácticamente imposible su reparación. El esfuerzo fue aún mayor ya que según se ha registrado el terreno era sumamente complicado, con tierras pantanosas y algunos brotes naturales de agua, situación con la que los constructores tuvieron que lidiar en ambas oportunidades.

Hoy sabemos que tanto el Templo de la Compañía como la Catedral, ambos situados en la Plaza Mayor, representan un momento particular y especial de nuestra historia. Sin embargo, seguramente las distintas demoras que se dieron en la edificación de nuestra Catedral, más de cien años, así como los distintos constructores que en ese tiempo pasaron para colaborar en este trabajo, sirvieron de inspiración y ejemplo para las obras del templo de la Compañía de Jesús. Así se logró con éxito evitar algunas de las dificultades que sí se tuvieron en la obra de la Catedral.

Su composición comparte criterios similares con otros templos de su envergadura, los mismos que venían aprobados desde Roma. La planta de cruz latina, con capillas a ambos lados de la nave crucero y cúpula sobre tambor y las dos torres que flanquean su ingreso, tienen en nuestra ciudad una concepción diferente y única que se puede observar en lo cuidadosa que fue la ejecución de sus grandes muros pétreos y la utilización de bóvedas de ladrillo para sus cubiertas. Sí usted se detiene en la ejecución de sus muros, podrá apreciar el fino trabajo de sillería, lo que nos hace imaginar a los experimentados constructores que los hilvanaron.

Una gran ventaja fue que existió un tratamiento unitario en su ejecución, la relación entre el exterior e interior están fantásticamente resueltos, así como la relación entre cada uno de los ambientes que la componen.

Antes de ingresar a visitarla vale la pena poner atención en el frente principal donde encontramos un hermoso trabajo en piedra en la fachada retablo. Destaca una hornacina central con una imagen de la Virgen María y podemos ver flanqueando el ingreso principal, dos cruces blancas con pequeñas columnas de orden corintio. Este tratamiento remata en una gran cornisa que une las dos torres.

Para remarcar la riqueza en la decoración de la parte central, las dos torres son austeras en sus partes más bajas y ceden el protagonismo a la fachada retablo. Este pequeño pero importante gesto, es sin duda alguna una muestra más de la maestría que se tuvo en su concepción y planeamiento.


Imágenes de Cusco




Campanario
Cúpula Compañia de Jesús
Catedral del Cusco
Plaza Huacaypata