San Pedro Apóstol




San Pedro Apóstol de Andahuaylillas



Durante el trayecto a nuestra segunda parada, llamará su atención el olor característico a la quema de arcilla. Estamos pasando por el poblado de Piñipampa. Sus pobladores se dedican a la elaboración artesanal de tejas, material con el que se cubren los techos de la mayor parte de construcciones de nuestra ciudad. Esto significa que estamos cerca de llegar a nuestro destino.

Andahuaylillas se encuentra aproximadamente a 37 Km de la ciudad del Cusco y a 3150 m.s.n.m. Observe usted las altas montañas que limitan y protegen la zona. Se puede apreciar también pequeñas parcelas de maíz y papa. La agricultura no es intensiva, es más bien para consumo de los pobladores de la zona. También verá estos pequeños terrenos de cultivo en la misma estructura del pueblo donde las viviendas de los pobladores preceden a pequeños terrenos destinados a la siembra.

Si nos visita entre los meses de Enero a Marzo podrá ver al maíz verde y muy alto, ya en Mayo cuando está cosechado se extiende por los campos para que seque y pueda ser almacenado.

El buen clima, la abundancia de tierras de cultivo y el que tenga el agua necesaria para el riego, fueron razones fundamentales para que durante la colonia se decidiera por este lugar para congregar a la población de la zona.

Ingresaremos al poblado a través de una serie de calles estrechas y empedradas, son parte del trazado original con el que se planteó su estructura en tiempos de la colonia. Se mantiene claramente la configuración arquitectónica primigenia, con casas de adobe y piedra, de pequeñas ventanas, rematadas algunas con balcones de madera y cubierta de teja.

Lo primero que llamará su atención, son los hermosos árboles que decoran la plaza del pueblo. Se trata de una especie que crece en las zonas templadas de la cordillera andina, su nombre es el Pisonay, sumamente altos y robustos y están coronados por hojas verdes y flores rojas. Los que tenemos en Andahuaylillas, superan largamente los cien años de vida. Ellos nos reciben e invitan a protegernos del sol bajo la gran sombra que proyectan sus ramas.

La plaza es cuadrangular, sin ningún elemento que destaque especialmente. Tiene una plataforma central con una pequeña fuente ornamental, algunas jardineras y unas bancas donde la población descansa o utiliza para algunas actividades comerciales menores.

En dos de las esquinas opuestas aún quedan vestigios de unas pequeñas construcciones religiosas, llamadas capillas posa, muy comunes en poblados como el de Andahuaylillas, se utilizaban para tomar descanso y ofrecer oraciones durante las procesiones. Hay también en uno de los frentes de la plaza una casa de aspecto singular, de dos niveles y con balcón corrido, en ella se destacan cuatro medallones representativos de las estaciones del año, es de la época republicana y su arquitectura tan diferenciada es muestra de la importancia y las referencias de la familia que la ocupó.

El templo está ubicado al suroeste de la plaza. Se encuentra sobre un atrio de nivel mucho más alto que el de la plaza. Para acceder a él se deben subir unas escalinatas que han sido trabajadas incorporando algunas piedras de factura inca.

Cuando uno se encuentra en esta gran plataforma, puede observar con mayor claridad los distintos elementos que dan forma a esta primera imagen de nuestro templo. Seguramente ya ha reparado en las tres cruces pétreas que se ubican a su derecha, son recuerdo del calvario de Nuestro Señor y precedían las actividades fúnebres que se tenían en el atrio.

El templo comparte muchas de las características de los templos del sur andino del país, plataforma empedrada, con una gran nave alargada y una torre lateral, baptisterio, sacristía y pequeñas capillas laterales que completan el conjunto.

Sin embargo, los acontecimientos sucedidos en el Pueblo de Andahuaylillas a inicios del siglo XVII, hicieron que este no fuera sólo un templo más de los que se encuentran en la región. Al igual que en todas las historias cargadas de singularidades, apareció en Andahuaylillas la figura de un hombre que posibilitó la maravilla que tiene frente a usted.

En 1618 se le encarga la parroquia de Andahuaylillas a Juan Pérez de Bocanegra, presbítero muy bien instruido, pensador y maestro. Dueño de un gran conocimiento de la artes será el artífice intelectual de los programas evangelizadores que usted observará en los muros del templo.

Interesado por hacer más fácil el entendimiento de los nativos del evangelio y la doctrina de la fe, convocará al famoso pintor limeño Luis de Riaño para que se encargue de pintar los fantásticos murales que encontramos al exterior y al interior del templo.

La fachada es de estilo renacentista, dos refuerzos pétreos reciben la carga de la cubierta y balcón corrido de la capilla abierta, lugar desde donde se oficiaban algunas ceremonias para el pueblo que las escuchaba desde el atrio. En la parte alta se tienen los murales de los martirios de San Pedro y San Pablo, recuperados recientemente.

Tal era la exuberancia del templo que las bulas de las puertas estaban inicialmente recubiertas en pan de oro. Cuatro hornacinas flanquean el ingreso. En ellas se puede ubicar las imágenes de cuatro santos, a la izquierda San Pedro en la parte alta y San Jerónimo en la baja, al lado derecho San Pablo arriba y abajo una imagen que puede ser la de San Agustín.




Imágenes de Andahuaylillas




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